¿Qué etapa del stress puede conducirte a la obesidad?

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Hoy en día es común hablar y padecer de stress pero realmente sabes ¿qué es y sus efectos?. El stress es una reacción normal del organismo que actúa como mecanismo de defensa ante una situación que percibe como amenazante. Sin embargo, sufrir constantemente de este mal puede llevarnos a padecer de sobrepeso y obesidad.

¿Cuándo podemos padecer de este mal?

Hay tres etapas:
  1. Aguda o Fight or flight (pelea o huida): es activada por señales del cerebro ante un agente stressor, aumentando la producción de adrenalina, la tensión arterial y la frecuencia cardíaca, agudizando los sentidos, con el fin de generar suficiente energía para enfrentar el evento. Cuando este evento stressor pasa, el organismo se relaja y todo vuelve a la normalidad.
  1. Adaptación o resistencia: es un continuo estado de alerta, el stressor puede mantenerse activo. Esta etapa llega a su fin cuando se agota la energía y el stress se hace crónico, promoviendo un estado de debilidad con sensación de angustia y mayor ansiedad. Es común que una persona en una etapa aguda de stress, pueda perder peso, porque come muy poco o porque a pesar de comer normal o mucho, la adrenalina circulante en las dos primeras etapas aumenta de manera significativa, el gasto metabólico.
  1. Crónico: se reconoce por la apatía, colitis, gastritis, úlceras, insomnio, irritabilidad, enfermedades cardíacas, depresión, etc. Toda esta situación viene comandada por una hormona llamada cortisol, la cual prepara el terreno metabólico para ganar peso de manera fácil y directa.

 

 

Estar sometidos a altos niveles de stress, ansiedad, depresión o miedo, produce una necesidad de comer y siempre la primera opción son los carbohidratos, debido a que el cuerpo está tratando de aumentar los niveles de serotonina (neurotransmisor cerebral del bienestar). La consecuencia es que grandes cantidades de calorías se almacenan en el tejido adiposo y aumenta la producción de insulina en el páncreas que genera más necesidad de comer, haciéndose un círculo vicioso.

 

En el stress crónico paralelamente a la ingesta externa, aumenta los niveles de azúcar en la sangre (glicemia). El cortisol tiene la capacidad de aumentar los niveles sanguíneos de azúcar (glicemia), la insulina, triglicéridos y colesterol. Por otra parte el stress crónico a nivel del adipocito (célula grasa) produce un estado inflamatorio, en consecuencia, el exceso y saturación en la acumulación de grasas promueven la liberación de sustancias (adipocinas) generando hipertensión arterial, la TNF y IL6, que aceleran la resistencia a la insulina.

 

Asismismo altera el metabolismo de la tiroides, disminuyendo la producción de TSH y T3, generando un estado de menor gasto metabólico. El cortisol produce pérdida de la masa muscular, disminuye la absorción intestinal de calcio que puede conducir a osteoporosis y recaptación de sodio, lo que produce retención de líquido.

 

Actualmente la obesidad es considerada una enfermedad inflamatoria crónica, de intensidad leve. Las alteraciones que ocurren en el tejido adiposo en expansión son muy similares a las de una inflamación clásica y está probado que son por el cortisol durante el stress crónico. La influencia que ejerce el stress crónico en el desarrollo de esta enfermedad no debe pasar desapercibida así como los mecanismos en el control y manejo de los agentes stressores que la generan.

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